Seaspiracy: El documental de Netflix que revela la cara oscura de la pesca industrial

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El 24 de marzo la plataforma de Netflix estrenó ‘Seaspiracy’, un polémico documental que nos cuenta todos los aspectos en los que la humanidad repercute en los sistemas marinos, no solo por las 159 millones de toneladas de plástico que flotan por los mares, sino también por la pesca industrial, que es la principal responsable del fin de la vida en los océanos. 

Su director y protagonista, el británico Ali Tabrizi, es un joven de 27 años, cineasta, vegano y amante de la vida marina, quien desde niño era fiel seguidor de los documentales científicos de Jacques Cousteau, Sylvia Earle y David Attenborough. De adulto comenzó a preocuparse por el impacto del plástico que llega a los océanos, y por eso comenzó a recoger los desechos en las playas y a utilizar solo objetos reutilizables. 

Según ‘Seaspiracy’, cada año se capturan y matan 2.700 millones de peces, y cada minuto se matan 5 millones, una realidad que perjudica gravemente nuestros océanos. El documental afirma que no existe pesca sustentable y plantea dejar de consumir pescados y mariscos como única solución al problema, lo que desató polémicas y acusaciones del lobby pesquero, quienes intentaron boicotear el largometraje incluso antes de su estreno, afirmando que es propaganda vegana.

Con entrevistas a científicos, activistas ambientales, pescadores y ONGs, entre otros, la película revela en 90 minutos una serie de problemáticas desconocidas para muchos. Entre ellas, las capturas accidentales de animales marinos que terminan en las redes ‘accidentalmente’ tales como focas, tiburones, tortugas marinas, aves marinas, delfines y cualquier otra especie que pueda encontrar redes en su camino. Estos animales son devueltos al mar pero la mayoría de las veces ya están muertos. 

Tabrizi recorre diferentes países siguiendo las pistas del impacto que está provocando la pesca a gran escala en varias partes del mundo. Su viaje comienza en la bahía de Taiji en Japón, donde descubre que miles de delfines son sacrificados por parte de la industria del atún rojo, ya que son culpables de comer demasiado atún rojo que vale miles de millones de dólares en el mercado de Tokio. Durante el recorrido nos va mostrando los barcos que trabajan para la industria del entretenimiento marino, la pesca ilegal en Liberia, el daño ambiental de la salmonicultura en Escocia, la esclavitud humana de la industria en Tailandia, y el entramado que existe para desviar el foco e este problema por parte de los gobiernos  y la industria pesquera.

¿Pero es posible una pesca sostenible? Afortunadamente para los expertos la respuesta es afirmativa. Algunos sostienen que puede lograrse en países desarrollados, con cultura de cumplimiento, con sistemas de investigación sólidos, pero en aquellos países con debilidad institucional, donde el hambre es un tema por resolver, ahí no se pueden poner regulaciones.

Igual sucede con el consumo de pescado, es imposible que la humanidad entera deje de consumirlo, sobre todo cuando el 40 % de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de la costa, y en la mayoría de estas regiones y comunidades, su seguridad alimentaria, nutrición y actividad económica dependen de la pesca. Pero lo que sí se puede lograr, es que aquellos que tengan la capacidad de elegir otras opciones, que lo hagan.

Optar por alternativas reutilizables y disponer correctamente los reciclajes, sigue siendo de suma importancia para prevenir la contaminación de los océanos. Pero más allá de la importancia de modificar nuestro consumo de plásticos, si la tendencia actual en el uso insostenible de los océanos y de sus recursos vivos no se revierte, pondremos en peligro el futuro del planeta. 

La pesca industrial es una actividad ligada a la política y la cultura, lo que significa que está totalmente dentro de nuestro poder cambiar las cosas. Debemos mirar más hacia nuestros océanos, involucrarnos con organizaciones que trabajan en pos de su conservación y exigir políticas de cambio a los gobiernos.

Lograr que las grandes empresas cambien su forma de trabajar no será una tarea sencilla, pero el impacto que puede tener Seaspiracy en cada persona que lo vea, puede hacer que cambie su manera de consumir pescado, ya sea consumiendo menos o dejándolo directamente. Multitud de espectadores han decidido dejar el pescado tras ver el documental, quizás otros no consigan dar este paso, pero el mayor logro de este documental ha sido visibilizar la problemática y que más personas conozcan el impacto de la pesca industrial.

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