La Cabaña: Un espejo mágico de la vida

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Si un día, alguien misterioso te hace una invitación a pasar un fin de semana en su casa para encontrar ahí las respuestas de tu vida… ¿Aceptarías? Esta es una de las premisas más importantes de La Cabaña. Película basada en el extraordinario libro del mismo nombre, cuyo autor William Paul Young, nos relata la apasionante historia de un hombre en búsqueda de redención.

La Cabaña conserva este tono intimista del libro, de un hombre cuyas circunstancias de la vida lo llevan a un encuentro muy personal, fuerte, difícil, contundente y hermoso, con su propia esencia, con su propio ser, con su real emoción y sentimiento..

La historia narra la vida de Mack, quien por una situación familiar terriblemente dolorosa, tiene ahora la oportunidad de ver todo desde otro paradigma, cuya idea es otorgarle las respuestas que necesita de los acontecimientos que han marcado su camino, y mostrarle cuál es su propia verdad.

Los actores, Sam Worthington y Octavia Spencer, se relevan en una de las más hermosas interpretaciones actorales, y otorgan al film una calidad histriónica importante, así como los actores que interpretan a la famila de Mack, y principalmente aquellos que “viven” en la Cabaña.

¿Cuál es el secreto de La Cabaña?

La Cabaña, según palabras del mismo autor, es un viaje hacia el interior de las personas, es un encuentro directo con aquello que está dentro del corazón, y que muchas veces olvidamos, y este encuentro, en la mayoría de los casos, otorga la felicidad y la paz que el ser humano busca constantemente.

Esta película, a pesar de que tiene aspectos difíciles y dolorosos, no utiliza estos elementos para completar la atención total, al contrario, la atmósfera y el ritmo logran que la atención vaya hacia el futuro del protagonista para conocer qué pasará con él y su familia, y cómo resolverá algo que pudiera pasarle a cualquiera. El film muestra que muchas veces el dolor y la tristeza, así como son parte real de la vida, también pueden servir como catarsis, para enseñarnos a reflexionar sobre lo que somos  y a transitar un nuevo camino basado en la compasión, el perdón y el amor.

Lo que resalta en el film

Además, sorprende por sus formas y arcos dramáticos. Es atrevida, contundente, sincera, desconcertante, inspiradora, reflexiva y maravillosa. Sus componentes dogmáticos o religiosos (ya que toca algunos temas que podrían considerarse como tal) no refieren a ningún tipo de tendencia en este sentido, y no la necesita. Es solo una forma muy acertada de reflexionar sobre quienes somos, y porque muchas veces nos perdemos en los abismos del dolor y la desesperanza. No plantea tendencias que se dirijan hacia una verdad absoluta, es solo una posición imaginativa acerca de la vida y sus contenidos, nuestras emociones y sentimientos, y donde nos recuerda que la felicidad plena pudiera dejar de ser una utopía.

La Cabaña es un bálsamo necesario y apropiado, principalmente en esos momentos donde la vida pareciera tener enfoques difíciles y preocupantes, y donde se busca una válvula para drenar el estrés y la presión cotidiana.

La Cabaña dentro del cine

Resalta por la extraordinaria fotografía y el escenario natural donde fue filmada. El uso de algunos efectos especiales, le otorgan un ingrediente muy sencillo y creativo, pero lleno de un valor mágico hecho para pensar, pero también para  sonreír. Su diseño de producción no es complicado o difícil, su sencillez se agradece con creces, principalmente  por su forma de hacernos ver, que hay un mundo abierto, posible y real, que está a la vista, y que solo tenemos que aprender a ver.

La dirección del britanico Stuart Hazeldine logra atención inmediata, es dinámica y relevante, así como inteligente. A pesar de los momentos tensos, el cuadro cinematográfico muestra solo lo que tiene que mostrar, nada más ni nada menos. Las tomas fílmicas sugerentes hablan por sí solas, y no necesitan recurrir a lo evidente para darse a entender, así como las posiciones de cámara, que nos otorgan la sensación de estar ante un velo delicado, que se va corriendo poco a poco, para dejarnos sumergidos deliciosamente en una puesta de escena fantástica, donde el asombro y la reflexión sobre la belleza de la naturaleza no se hacen esperar.

El guión, una de las mejores características del film, realizado por John Fusco, basado en la novela de Young, nos muestra un mundo cotidiano muy nuestro, muy humano, coloquial y sencillo. No hay propuestas complicadas o con términos filosóficos extremos, el extraordinario manejo del drama y por supuesto del sentido del humor, así como la referencia a los aspectos de la vida, nos hace sonreír gratamente, y pensar en el mundo actual hasta preguntarnos a nosotros mismos: ¿Por qué no? ¿por qué no pudiera ser así?

Según opiniones de muchas personas que han visto el film, lo que algunos lamentan es que, al parecer, no habrá una segunda parte, y esto es una sabia decisión. La película muestra un panorama concreto y directo, y no necesita otra historia, u otros protagonistas, porque al final, “La Cabaña“, (dicho por su propio autor), está dentro de todas las personas, dentro de su propio corazón. Y si hubiera una segunda parte, esa le corresponde al mismo ser humano hacerla, y lo que es más alentador, realizarla dentro de cada uno de nosotros. La Cabaña es una de esas películas necesarias para hacernos recordar de qué estamos hechos.

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