¿Estamos llegando al final del cine?

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Una de las salas de los Cines Florida en Vitoria-Gasteiz, el día de su reapertura tras el parón por coronavirus, al 60% de aforo, tal y como recogen las condiciones del decreto del Lehendakari para la fase 3 en la que el País Vasco. La mayor parte de los socios de EZAE, la asociación de salas de cine privadas de Euskadi, abrirán sus puertas durante las próximas semanas, tras haber puesto en marcha estrictos protocolos de seguridad. En Vitoria-Gasteiz, Álava, País Vasco (España), a 12 de junio de 2020. 12 JUNIO 2020;CINE;COVID19;DESESCALADA;CORONAVIRUS;FASE 3 (Foto de ARCHIVO) 12/6/2020

Las transiciones que suceden en los últimos tiempos llevan a la humanidad a reflexionar sobre su futuro. Estos cambios, al parecer, urgentes, invitan a que nuevos planteamientos contribuyan a generar condiciones de vida favorables en el planeta, en sus estructuras económicas, políticas, sociales y culturales. El mundo del entretenimiento no escapa a estos cambios.

Actualmente, la industria del entretenimiento enfoca su atención en los nuevos parámetros que regirán su destino próximo, el cine es uno de ellos. Hoy en día hay una gran polémica en torno a cuál será el futuro de la industria cinematográfica, y en especial al cine tal como lo conocemos, principalmente por las salas y lugares de proyección. ¿Es el final del espacio físico del cine, y trasladado en su totalidad a la televisión, ordenadores, tabletas o móviles?

Muchos aseguran que las fórmulas actuales, streaming, pudiesen significar el final de la gran pantalla. Las tendencias actuales, las ideas comunicacionales, y por supuesto, el uso de las herramientas como el Internet, podrían apuntar a que el futuro del cine será su desaparición definitiva de salas, tal como lo conocemos. Sin embargo, otros analistas piensan lo contrario.

El cine, desde su creación, ha significado uno de los entes más importantes del planeta en materia de entretenimiento. Desde sus inicios, y en las diferentes épocas y situaciones por las que el planeta ha pasado, el cine se ha mantenido como una de las industrias que ha generado más ganancias  económicas, miles de empleos y constante interés por parte de la población, quienes siguen consecuentemente las historias, temas y planteamientos. Ha sobrevivido a guerras, a cambios  estructurales, a patrones sociales y hasta a situaciones de conflictos mundiales.

Puerta principal de los Cines Renoir Plaza de España el día de su reapertura después del cierre durante casi tres meses, desde que se decretó el estado de alarma el pasado 14 de marzo. Este primer día el público podrá disfrutar de las películas: ‘Little Joe’, ‘Invisibles’, la oscarizada ‘Parásitos’, ‘Jojo rabbit’, ‘Lo mejor está por llegar’, ‘1917’ o ‘The gentlemen. En Madrid (España), a 12 de junio de 2020. 12 JUNIO 2020 (Foto de ARCHIVO) 12/6/2020

¿Qué lo hace tan atractivo?

Así como la alimentación, las formas económicas, políticas y sociales son necesarias para el desarrollo potencial del ser humano, el entretenimiento es de igual importancia. El cine (como la televisión y el internet) según muchos psicólogos y sociólogos, sigue siendo una de las vías indispensables utilizadas para lograr, entre muchas otras cosas, la distracción y el entretenimiento, así como también un discreto y efectivo escape de la realidad.

La fórmula del cine también ha sido motivo de estudio de expertos en materia del análisis de la conducta. Su método, casi ritualista, es una de las formas más representativas de la cotidiana vida del espectador, que busca la identificación con su entorno. 

Sus historias, que aunque en su gran mayoría son ficticias, o inusuales, se presentan en sus géneros. Aunque el espectador obviamente conoce que no son reales (como cuando vuelan superhéroes o automóviles, o fantasmas que asustan, entre muchos tópicos) hacen que, por lo menos en dos horas, estas historias sean creíbles, entretengan y den un mensaje.  

La preparación del espectador cuando va a una sala de cine muestra la aceptación de condiciones específicas, como el silencio, el acomodamiento en la sala y hasta la limitación del uso del móvil. De alguna forma es un condicionamiento social, es adaptarse a reglas para no perjudicar a las personas, es entender el equilibrio entre comportamientos, derechos y deberes. Entrar a una sala de cine es muy parecido a la preparación que se tiene lugar antes de ir a dormir. Según los estudiosos, las salas a media luz, el sistema sonoro, la comodidad del recinto, entre otros factores, hacen que las personas se preparen para entrar en un “sueño“. En este caso, en un sueño ajeno, que da como resultado un escape momentáneo de la realidad.

03 September 2020, US, Van Nuys: People enjoy a movie at the Regency Theaters Plant Drive-In in Van Nuys. Photo: Hans Gutknecht/Orange County Register via ZUMA/dpa ONLY FOR USE IN SPAIN 03 September 2020, US, Van Nuys: People enjoy a movie at the Regency Theaters Plant Drive-In in Van Nuys. Photo: Hans Gutknecht/Orange County Register via ZUMA/dpa 3/9/2020 ONLY FOR USE IN SPAIN

Pero, ¿por qué la gente va al cine?

Dicen los analistas que el cine es una fábrica de sueños, y que estas funcionan de otra manera en la televisión o el internet. Algunos aseguran que las personas van a las salas para sentir emociones.

Las historias que se plantean en pantalla tienen significados que van desde el despertar de las propias emociones internas o escapar de la cotidianidad. Un ejemplo de esto es el cine de terror. Es lógico que a la gran mayoría de las personas no les gustaría ser perseguidos por un asesino, o encontrarse en casa a un fantasma, o a un violento extraterrestre,  sin embargo, el cine de terror es uno de los géneros más vistos. ¿Motivo? Tal vez porque su formato y fórmula va directo a la atención absoluta del espectador, lo mueve, lo hace saltar de la silla, lo proyecta a una vivencia ajena, pero efectiva. 

Esto evidencia que las personas, aparte de entretenimiento, también han tenido en el cine una válvula, una catarsis, un lugar para drenar emociones.

Pantalla grande versus Streaming

Existe un debate entre personalidades importantes del cine norteamericano, que consideran que algunas plataformas como Netflix, Amazon, entre otras, no hacen cine, aunque presentan en sus pantallas películas consideradas como tal. Estos directores (como Steven Spielberg) consideran que existen factores evidentemente marcados entre la televisión y el cine, que obviamente hacen su diferencia. Para ellos, no es la historia, la producción o la dirección  lo que marca la diferencia, es el formato.

En la televisión, inclusive dentro de tensiones dramáticas importantes de algunas series, la pauta publicitaria da un respiro. El televidente muchas veces se levanta a buscar algo en la cocina, o atender algún asunto que requiera su atención. Las emociones en la televisión entran en pausa hasta que los artículos publicitarios cumplan su cometido. 

El cine, por el tamaño de la pantalla, sus aspectos visuales, efectos y sonidos, arropan toda la atención del espectador y este solo saldrá de la sala en caso de extrema necesidad. No tiene segmentos de comerciales publicitarios  incrustados donde la emoción baja, no tiene el control remoto que cambia el canal a distancia. 

El cine es emoción directa y efectiva, en ese momento es una realidad, una vivencia real que conmueve, alegra, entristece, o asusta. Allí no hay alternativa posible para perder la atención, el que se sale de la sala corre el peligro de pasar aspectos importantes de la trama. Este es tal vez el motivo más importante por el que los expertos aseguran que el cine no desaparecerá, al contrario, la tecnología, de la que el cine siempre ha sido aliada, ayudará a mantenerlo más vigente en los próximos años. Los nuevos formatos, las maravillosas imágenes de gran calidad, así como las historias y sus actores se han mantenido en el tiempo, han dado muestras de que su posible “inmortalidad” se siga manteniendo en el tiempo.

El cine ha tenido un espacio ganado a través de la historia, y los expertos aseguran, que así como la televisión lo tiene y el polémico streaming también lo tendrá, ninguno de estos podrá arropar por completo la pasión, el rito, la concurrencia y todo lo que lleva a un espectador a pagar un boleto y entregar dos horas de su vida a una historia ajena. Ese motivo que seguirá siendo un gran secreto y que pareciera que solo los realizadores cinematográficos pudieran conocer.

El cine continuará siendo esa “terapia inconsciente” para drenar emociones que nos ha acompañado y nos seguirá acompañando por mucho tiempo más.

Sucumbir a su influencia es una de las formas más hermosas de entretenimiento.

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