‘Chernóbil: 35 años después’: el documental con el que Movistar+ viaja al lugar más radiactivo del planeta

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Una imagen del documental

El 26 de abril de 1986, una pequeña ciudad del norte de Ucrania se convertía en el epicentro de la noticia. Una explosión en su central nuclear acabaría convirtiéndose en el más grave de la historia, provocando uno de los mayores desastres medioambientales de todo nuestro tiempo. Faltan pocos días para que se cumplan 35 años de aquel suceso, y todavía hoy son muchos los interrogantes. Porque en aquellos años, Ucrania todavía formaba parte de la URSS y la transparencia brillaba por su ausencia.

Cuestiones a las que va a intentar dar respuesta Chernóbil: 35 años después, un documental de Movistar+ que va a trasladar al espectador al lugar más radiactivo del planeta. Lo va a hacer de la mano del presentador y aventurero británico Ben Fogle, quien se ha desplazado hasta la Zona para conocer de primera mano la situación del lugar, años después del desastre. Durante su estancia en este lugar convertido en escenario de película, el conductor ha visitado lugares como Pripiat o la central nuclear de Chernóbil para entrevistarse con personas que vivieron la catástrofe de primera mano. Su estreno está previsto para el próximo jueves 22.

https://twitter.com/cero/status/1382982095811776514

En la ciudad ucraniana que cada año recibe a miles de visitantes atraídos por el misterio del lugar, el presentador británica visita la antigua escuela, acompañado de uno de sus antiguos alumnos que tenía solo 9 años en el momento del accidente, y las ruinas del Hospital 126 en el que fueron atendidas las primeras víctimas. Además, con un permiso especial, Ben Fogle se adentra en la central nuclear de Chernóbil donde accede a la sala de control número cuatro, lugar donde se fraguó el desastre, siendo uno de los pocos extranjeros que han podido acceder al sarcófago original que envuelve el reactor accidentado.

Además del desastre nuclear propiamente dicho y sus consecuencias, Chernóbil: 35 años después reflexiona sobre cómo este pequeño rincón del planeta se ha convertido en un santuario “donde la naturaleza y la vida salvaje han retomado sus dominios“, y sobre cómo el enorme arco de acero que recubre el reactor número cuatro se ha convertido “en un símbolo de la cooperación internacional“, ya que su financiación ha corrido a cargo de 26 países diferentes.

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